El Nuevo Testamento presenta el liderazgo de la iglesia local principalmente a través de la figura de los ancianos —también llamados pastores u obispos—. Lejos de ser un cargo honorífico, el oficio de anciano es un llamado al cuidado vigilante y sacrificial del rebaño de Dios.

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente.

1 Pedro 5:2

Un oficio definido por el carácter

Las listas de requisitos en 1 Timoteo 3 y Tito 1 son notables: casi todas las cualidades se refieren al carácter, no a las habilidades. Un anciano debe ser irreprensible, sobrio, hospitalario, apto para enseñar, no pendenciero. Dios no busca administradores talentosos, sino hombres piadosos que sirvan de ejemplo a la grey.

Pastorear es conocer

El buen pastor conoce a sus ovejas por nombre (Juan 10:3). El cuidado pastoral no se ejerce desde la distancia ni se reduce al sermón dominical. Implica visitar al enfermo, exhortar al descarriado, consolar al afligido y velar por las almas como quien ha de dar cuenta (Hebreos 13:17).

La pluralidad de ancianos

El patrón neotestamentario es un cuerpo de ancianos, no un líder solitario. Esta pluralidad protege a la iglesia de los abusos del poder concentrado, distribuye la carga del ministerio y ofrece la sabiduría de múltiples consejeros. Ningún hombre, por dotado que sea, fue diseñado para pastorear solo.

La responsabilidad de la congregación

Cuidar del rebaño no es tarea exclusiva de los ancianos. La congregación está llamada a honrar, orar por y someterse a quienes velan por sus almas, así como a sostenerlos cuando flaquean. El cuidado mutuo es señal de una iglesia sana.