El evangelio no es una doctrina entre otras; es el corazón que late en cada página de la Biblia. Desde Génesis hasta Apocalipsis, las Escrituras nos dirigen hacia Cristo y su obra redentora. Comprender esto transforma la manera en que predicamos, discipulamos y vivimos como iglesia.

Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree.

Romanos 1:16

El evangelio en el Antiguo Testamento

Mucho antes de la encarnación, las Escrituras hebreas estaban cargadas de promesa evangélica. El sacrificio de Génesis 3, el sistema levítico de expiación, los cánticos del Siervo en Isaías — todo apuntaba hacia el que había de venir. Jesús mismo afirmó que Moisés escribió de Él (Juan 5:46).

Leer el Antiguo Testamento sin Cristo es leerlo a medias. No se trata de alegorizar arbitrariamente cada texto, sino de reconocer el hilo redentor que el Espíritu Santo tejió con maestría a lo largo de siglos de revelación progresiva.

El evangelio y la predicación expositiva

Si el evangelio es central en la Escritura, debe ser central en la predicación. Esto no significa reducir cada sermón a una fórmula de «cuatro pasos para ser salvo». Significa que toda predicación fiel, independientemente del texto, debe ubicar ese texto dentro de la gran narrativa redentora y señalar, de alguna manera, hacia Cristo.

Charles Spurgeon dijo famosamente que cuando predicaba, tomaba cualquier camino desde su texto hasta la cruz. Esa es la vocación del predicador: ser un expositor que lleva al pueblo al encuentro con el Salvador.

Implicaciones para la iglesia local

Una iglesia que pierde de vista la centralidad del evangelio comienza a derivar. Puede derivar hacia el moralismo — exigiendo comportamiento sin ofrecer el poder transformador de la gracia. O puede derivar hacia el sentimentalismo — ofreciendo experiencias emocionales sin ancla doctrinal.

La salud de una iglesia local se mide, en gran parte, por su comprensión y proclamación del evangelio. Que Cristo crucificado y resucitado sea el centro de nuestra adoración, predicación, discipulado y misión.